La maldición de la felicidad
Hacía semanas que no escribía, y es que cuando viajas solo (o contigo) corres el riesgo de coger la suficiente perspectiva como para valorar tu vida. De tener tantas tomas de conciencia que te la llegas a replantear. De renovar creencias limitantes por otras más atrevidas. De tener que aprender a soltar control y confiar. De que se iluminen nuevas posibilidades hasta ese momento desconocidas por la rutina y la comodidad.
Y desde que llegué hace tres semanas de mi mes en Tailandia he estado asentando todo esto, tomándome el espacio de digerir y volver a colocar mis nuevas y viejas rutinas.
Viajar mueve. Viajar solo muevo mucho. Viajar solo lidiando con tus eternos fantasmas de adicción, rigidez y control, mueve muchísimo más.
¿Qué cómo me ido?
Mi parte más controladora y enfermiza te diría que preferiría no haberme ido para no tener que lidiar con las cartas de mi castillo de naipes que se han caído.
La consciente y evolucionada me felicitaría por haberme dado la oportunidad de seguir explorando, de confrontar, de experimentar incomodidad, de seguir batallando miedos y por ende crecer y aprender.
No estoy a favor de que todos tengamos que salir de la manida zona de confort, y menos viajando al otro lado del planeta, hay realidades y necesidades como personas en el mundo, pero si estoy a favor de luchar por los sueños, de no paralizarse por las dificultades, de seguir tu intuición, de seguir conociéndote y experimentando y no quedarte estancado alimentándonos sólo de la conocida comodidad por miedo a si sale “mal”.
¿Qué opinas tú? ¿Has viajado solo o sola?
Al hilo de los viajes, el verano y la incesante época de excesos, planes y montaña rusa emocional. Hoy quería hablar de las temidas recaídas.
En esta época del año parece que tenemos que ser felices por obligación, consumir altas dosis de experiencias y excitación, pero mientras instagram arde con la hiperactividad estival, muchas personas hacemos malabares para no poner en riesgo nuestra recuperación.
¿Cómo evitar o gestionar una recaída?
Como de decía Mark Twain: dejar de fumar es fácil, yo lo he hecho cientos de veces.
Y es que dejar de consumir no es lo más difícil de la ecuación, el gran reto es mantenerlo. Y en verano todavía más.
El calor, los planes sociales, el tiempo vacacional con tu familia, pareja o amigos, la soledad, tiempo libre, horarios cambiados, la obligada felicidad, los festivales y fiestas populares son un verdadero caldo de cultivo para fomentar adicciones y recaídas.
1.
Para que esto pase, primero hay que ser muy consciente y aceptar la situación de vulnerabilidad que vas a tener durante muchos años, y aunque vaya disminuyendo podríamos decir que para toda la vida. Sin un esfuerzo activo y concreto de prevención es difícil pasar de la abstinencia a la recuperación total, que no son lo mismo.
Por supuesto a nadie le gusta estar pendiente de la diálisis, de su inyección de insulina o de sus condiciones especiales de estilo de vida para minimizar el riesgo de las complicaciones asociadas a su enfermedad.
Sí, digo enfermedad porque aunque hay mucho estigma y debate alrededor de la etiqueta ya bastante complicado es todo como para sacar punta a la semántica de cada palabra.
Si no te sientes identificado o identificada con la enfermedad de la adicción, cámbialo sin más por problema en el control de tus impulsos para anestesiar emociones, trastorno de compulsividad ante momentos de euforia o irritabilidad, no saber parar o como te sientas más cómodo o cómoda. Lo importante es tener conciencia de querer recuperarse.
2.
Para el éxito de una buena recuperación hace falta haber pasado por las diferentes fases de desintoxicación y deshabituación, y haber sustituido las conductas o sustancias conflictivas por otras saludables y respetuosas contigo, tener un círculo de confianza y personas a las que llamar si necesitas ayuda.
Conocer cuales son tus detonadores y situaciones de riesgo y sabiduría para saber lo que puedes controlar o no, es de vital para poder planificar tu plan de acción.
Este plan compone diferentes áreas de vida que han de ser atendidas, va desde el descanso, la alimentación, la conexión con uno mismo, la respiración, la situación hormonal, la alteración de nuestro sistema nervioso, las relaciones sociales y afectivas, el estado físico en el que se encuentre nuestro cuerpo, nuestra frecuencia energética o nuestra propia naturaleza más sensible que los demás. Así de simple y complejo es nuestro nuestro camino de recuperación.
3.
Se dice mucho que las recaídas son parte del proceso, y lo considero muy útil para no sentirte un fracaso, para tratarte con compasión y no con violencia y la culpabilidad que solemos hacer.
Los sentimiento de culpa provocados por una recaída después de tanto esfuerzo pueden ser tan demoledores que determinen el fin de tu recuperación.
Por eso es de vital importancia que pidas ayuda si te ha pasado para poco a poco volver a ponerte en tu camino de recuperación, un desliz cogido a tiempo no ponen a cero tu contador, los dos meses o dos años de recuperación suman a tu camino, la recaída es un recordatorio de que necesitas más atención.
Cuéntame qué te parece este contenido y si te encuentras en recuperación y cómo está yendo tus malabares con el verano.
Te mando un abrazo y cualquier cosa estoy aquí para escucharte y ayudarte en todo lo que pueda.
Feliz verano. O no.